Las rosquillas de anís son un dulce de masa sencilla que se fríe y se termina con una capa fina de azúcar. Para que queden tiernas por dentro y doradas por fuera conviene controlar la cantidad de harina y la temperatura del aceite. Una masa seca produce rosquillas duras; un aceite demasiado caliente dora el exterior antes de cocinar el centro.
Esta receta utiliza anís dulce y ralladura de limón. La masa queda ligeramente pegajosa antes del reposo y no necesita corregirse añadiendo harina sin medida. Trabajar con las manos apenas aceitadas y hacer primero una pieza de prueba ayuda a encontrar el punto sin arriesgar toda la tanda.
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Tiempos, cantidad y utensilios
| Preparación | 25 minutos |
|---|---|
| Reposo | 20 minutos |
| Fritura por tandas | 25 minutos aproximadamente |
| Total | 1 hora y 10 minutos |
| Cantidad | Unas 24 rosquillas |
Necesitas bol, varillas manuales, espátula, cazuela o sartén profunda, espumadera, papel absorbente y rejilla. Un termómetro de cocina facilita controlar el aceite. Utiliza un recipiente estable y deja suficiente espacio por encima del nivel del aceite para introducir las piezas sin desbordamientos.
Ingredientes para rosquillas de anís
- 500–550 g de harina de trigo común
- 3 huevos medianos
- 150 g de azúcar para la masa
- 100 ml de aceite de oliva suave o girasol
- 100 ml de anís dulce
- 16 g de levadura química o impulsor de repostería
- Ralladura de 1 limón, solo la parte amarilla
- 1 pizca de sal
- 700 ml de aceite para freír, aproximadamente, según el recipiente
- 40 g de azúcar para rebozar, o al gusto

Cómo hacer rosquillas de anís tiernas
1. Mezclar los líquidos
Bate los huevos con los 150 g de azúcar hasta mezclarlos y formar una espuma ligera. No necesitas montarlos como para un bizcocho. Incorpora los 100 ml de aceite, el anís y la ralladura de limón. Mezcla hasta que no queden vetas de aceite. Usa un bol amplio para poder añadir después la harina sin derramar la mezcla.
2. Añadir harina y reposar
Mezcla 500 g de harina con la levadura y la sal. Incorpora por tandas a los líquidos, primero con varillas y después con espátula. Amasa brevemente dentro del bol. Si la mezcla está tan blanda que no mantiene ninguna forma, añade parte de los 50 g restantes poco a poco. Tapa y deja reposar 20 minutos para que la harina absorba la humedad.
3. Comprobar la masa y dividir
Tras el reposo debe ser blanda y manejable, aunque se adhiera ligeramente a los dedos. Úntate las manos con unas gotas de aceite antes de decidir si necesita más harina. No amases mucho: no buscamos una masa elástica de pan. Divide en unas 24 porciones similares para que se frían de manera uniforme.
4. Formar los aros
Haz una bola con cada porción, abre un agujero en el centro y ensánchalo con los dedos. Deja un agujero generoso, de unos 3 cm, porque se cerrará parcialmente al crecer. El aro de masa no debería superar unos 2 cm de grosor. Coloca las piezas separadas sobre una superficie ligeramente aceitada o papel de horno.

5. Freír una prueba y después las tandas
Calienta el aceite a 160–170 °C. Fríe primero una rosquilla, unos 2–3 minutos por cada lado, hasta que esté dorada. Retira, deja templar y ábrela para comprobar que no queda masa húmeda en el centro. Si se oscurece demasiado pronto, baja un poco el fuego. Continúa en tandas pequeñas y gira con cuidado, sin pinchar repetidamente las piezas.
6. Escurrir, azucarar y servir
Saca con espumadera y deja escurrir brevemente sobre papel absorbente o una rejilla con bandeja debajo. Mientras estén templadas, pásalas por una capa fina del azúcar reservado. Déjalas enfriar separadas antes de guardarlas. El interior debe estar cocido y tierno, con una miga compacta pero no cruda ni apelmazada.

Cuánta harina necesita realmente la masa
Los huevos varían de tamaño y las harinas absorben cantidades distintas de líquido. Por eso se ofrece un margen pequeño de harina. Añadir toda la cantidad máxima desde el principio puede secar una masa que ya tenía suficiente. Empieza por 500 g, respeta el reposo y corrige solo cuando hayas comprobado cómo se maneja.
Una ligera adherencia es normal. Si llenas la mesa de harina para formar las rosquillas, esa harina terminará incorporándose y endurecerá el resultado. Las manos apenas aceitadas suelen ser suficientes. Tampoco conviene trabajar la masa durante muchos minutos: mezcla hasta que sea homogénea y deja que el reposo haga su parte.
Controlar la fritura
Con aceite frío, las rosquillas tardan en formar la corteza y pueden absorber más grasa. Con aceite muy caliente, la superficie se oscurece antes de cocinar el centro. El intervalo de 160–170 °C es un punto de partida práctico; ajusta según el tamaño de las piezas y la velocidad de dorado de la primera prueba.
Al añadir una tanda, la temperatura baja. Deja que el aceite se recupere entre tandas y no llenes la cazuela. Si una rosquilla se abre ligeramente al crecer, no significa que haya fallado. Una grieta muy grande, junto con un centro crudo, puede indicar exceso de grosor o una fritura demasiado rápida.
Errores frecuentes
Quedan duras: revisa el exceso de harina, el amasado prolongado y una fritura demasiado larga. Quedan aceitosas: comprueba la temperatura y el tamaño de las tandas. Se cierra el agujero: forma un hueco mayor y evita aros muy gruesos. El azúcar no se pega: rebózalas cuando todavía estén templadas.
Si descubres una pieza cruda al abrirla, no juzgues toda la tanda solo por el color exterior. Ajusta la temperatura y el tiempo antes de continuar. La primera rosquilla de prueba permite corregir con poco desperdicio. No intentes compensar una masa muy gruesa elevando el fuego: solo se dorará más rápido por fuera.
Variantes y sustituciones
Puedes usar ralladura de naranja en vez de limón o mezclar una pequeña cantidad de canela con el azúcar final. Para reducir el azúcar del exterior, espolvorea en lugar de rebozar. No reduzcas drásticamente el azúcar de la masa esperando la misma textura, porque modifica el equilibrio entre los ingredientes.
Para una adaptación sin licor, sustituye los 100 ml de anís por leche y añade una cucharadita de semillas de anís machacadas. El sabor cambia y se incorpora el alérgeno leche. La fritura con licor no garantiza que desaparezca todo el alcohol, así que utiliza directamente la variante sin licor cuando sea necesario evitarlo.
Cómo guardarlas
Una vez completamente frías, guarda en un recipiente cerrado, en un lugar fresco y seco, durante 3–4 días. Están más tiernas el primer día y se secan progresivamente. No las encierres calientes: la condensación humedece el azúcar y estropea la corteza. Separa las capas con papel si necesitas apilarlas.
Puedes congelarlas sin el azúcar final hasta un mes. Descongela protegidas del aire y añade el azúcar antes de servir si se adhiere, o espolvorea ligeramente. No necesitan recalentado intenso. Unos segundos de microondas pueden ablandarlas momentáneamente, pero también volverlas gomosas si te pasas.
Nutrición y alérgenos
Son un dulce frito que aporta harina, azúcar y grasa. El aceite absorbido varía según temperatura y tamaño, de modo que no se indican calorías exactas. Contienen gluten y huevo. Revisa la etiqueta del licor y del impulsor si hay alergias; la variante con leche añade ese alérgeno.
Preguntas frecuentes
¿Puedo hornearlas?
Esta masa está planteada para freír. El horno cambia la corteza y la textura; no se garantiza el mismo resultado cambiando únicamente el método.
¿Se utiliza levadura de panadería?
No. Usa levadura química o impulsor de repostería, que no requiere fermentación.
¿Puedo formar cilindros y unir los extremos?
Sí. Presiona bien la unión para que no se abra al freír y mantén un grosor uniforme.
Receta redactada para RecetasElite. Conoce al autor y el proyecto.
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